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Disciplina Positiva
Si la Educación Colibrí es un vuelo auténtico que inicia con el desarrollo de la autonomía, la voz interior y la confianza de nuestras niñas y niños, difícilmente tendría lugar la disciplina tradicional que enseña a los estudiantes a hacer lo que les dicen, y que establece castigos como medios correctivos.
La atmósfera en la que se desarrollan las metodologías, las actividades y los procesos en el día a día es la disciplina positiva. En ella, las guías procuran conectar y reforzar los comportamientos deseados de los estudiantes, en vez de corregir o invalidar sus acciones o emociones.
Ejemplo: Flora inicia una nueva actividad sin haber recogido y guardado las fichas con las que estaba jugando.
Dos posibles vías de afrontamiento:
Con la disciplina tradicional fundada en el temor o la costumbre mecánica (se hace porque sí), en ocasiones se logra que la niña o el niño cumpla la norma o el límite rápidamente. Pero, como lo han demostrado estudios recientes en el campo de la neurociencia, a largo plazo y para efectos del ser humano en formación, el castigo y el autoritarismo entorpecen los procesos de aprendizaje y retardan (o incluso impiden) el desarrollo de su voz interior, su autonomía, su seguridad, su autoestima, su capacidad de decisión y de poner límites a los demás.
En otras palabras, si los estudiantes no se sienten reconocidos ni ven contempladas sus habilidades socioemocionales ni sus sentimientos en el tercer nido (continuum Jardín-Colegio), los avances en su aprendizaje serán lentos y bajos, y los comportamientos disruptivos en algunos de ellos difícilmente cambiarán.
¿Por qué la disciplina positiva?
Porque procura que las niñas y los niños desarrollen la autodisciplina: la capacidad de regular sus propias emociones y saber cómo comportarse sin que los demás tengan que reiterarlo. Para ello, los pequeños deben afianzar primero sus habilidades socioemocionales y sus capacidades para gestionar sus comportamientos. Un camino largo, seguro y poderoso en el que trabajamos junto a cada uno de nuestros estudiantes en Colibrí.
Habilidades y percepciones impulsadas por la Disciplina Positiva
Son tres (3) las percepciones y cuatro (4) las habilidades más importantes que impulsa la disciplina positiva en nuestras niñas y niños:

- Percepción de las capacidades personales: Las niñas y los niños identifican sus fortalezas.
“Soy capaz”
- Percepción significativa de las relaciones interpersonales primarias: las niñas y los niños comprenden que su existencia es valorada e importante para los demás.
“Contribuyo significativamente y soy genuinamente necesario”
- Percepción del poder personal: las niñas y los niños comprenden que tienen en sus manos las herramientas para influir positivamente en su propio desarrollo, saben decir NO y mantienen una mente divergente para resolver problemas o conflictos.
“Puedo intervenir positivamente en lo que me suceda”
- Habilidades intrapersonales: habilidades para entender las emociones y cómo usarlas en el desarrollo de la autodisciplina y el autocontrol.
“Conozco mis emociones y soy capaz de autorregularme”
- Habilidades interpersonales: habilidades para trabajar en equipo, desarrollar amistades, comunicarse, cooperar, negociar, compartir, empatizar, defender los propios derechos, evitar peleas, diferenciar-afrontar-respetar las emociones negativas de otros y responder asertivamente a las bromas, etc.
“Soy capaz de relacionarme con otros y de desarrollar
amistades desde una comunicación respetuosa y empática”
- Habilidades sistémicas: habilidades para ponerse límites y responder responsablemente a las consecuencias con flexibilidad e integridad.
“Me pongo límites, respondo con responsabilidad a los establecidos y
a las consecuencias en la vida diaria. Sé afrontar el fracaso y los errores”
- Habilidades de juicio: habilidades para evaluar situaciones y determinar soluciones apropiadas. “Soy capaz de evaluar las situaciones de acuerdo a
mis valores y aprendizajes para la toma de decisiones,
y de pensar en la causa de un problema o conflicto”
¿Cómo lo hacemos?
Tejiendo puentes afectivos con cada uno de nuestros estudiantes desde la comunicación asertiva, el respeto mutuo, la horizontalidad, la colaboración y la empatía. Una ruta en la que las niñas y los niños se sienten como iguales, valorados y pertenecientes a una comunidad, es decir, las grandes motivaciones del comportamiento humano: “ser parte” y “ser útil”.
Paralelamente, con firmeza y amabilidad (contrario al autoritarismo y la permisividad) nuestras guías establecen límites claros, y en su aplicación se esfuerzan en que los estudiantes:
1) Sepan por qué es necesario que se cumpla ese límite (explicación) y las consecuencias de cumplirlo o no;
2) Cuenten con una alternativa al límite establecido (una opción distinta de aplicar ese mismo límite);
3) Tengan oportunidades para cumplir el límite establecido.
De esta manera, los pequeños van aprendiendo a tomar decisiones fruto de su propia reflexión y consentimiento, y a afrontar las consecuencias de sus conductas desde la responsabilidad y no desde la culpa. Así, su autonomía crece y se van convirtiendo en participantes activos (no receptores pasivos).
A los 6 años las niñas y los niños ya han desarrollado el poder de la empatía, lo que les permite a nuestras guías construir con ellos compromisos y acuerdos. A medida que son más responsables, participan y se involucran más en las decisiones y en la construcción de los pactos, en vez de que su actuación dependa únicamente del control externo (límites). Además, van comprendiendo que los errores son una maravillosa fuente de aprendizaje.
Bajo los pilares de la disciplina positiva hemos creado una atmósfera cálida y amorosa, como el nido de un Colibrí, en el que nuestras niñas y niños avanzan en procesos de aprendizaje llenos de brillo y adquieren mayor consciencia, comprensión y disposición a realizar transformaciones que perduren y armonicen la vida en comunidad
La educación Colibrí procura, además, que desde la infancia aprendamos a colaborar con nuestra comunidad y planeta. Para esto, la disciplina positiva también es clave porque anima a los pequeños a trabajar en equipo, a ser responsables, compasivos, respetuosos, pacientes y honestos frente a ellos mismos y a quienes los rodean.
NO ES DISCIPLINA POSITIVA:
1) Una educación permisiva y/o represiva
2) Que los estudiantes hagan lo que quieran
3) No tener reglas ni límites claros
4) Sistemas de castigos y premios
1. Equilibrio entre amabilidad y firmeza | 2. Conexión y sentimiento de pertenencia
| 3. Dar aliento | 4. Error = oportunidad de aprendizaje |
Equilibrio entre amabilidad y firmeza
Amabilidad no es sinónimos de permisividad, ni firmeza de autoritarismo. Las niñas y los niños no desarrollarán el sentido de responsabilidad si tienen padres, madres, guías o maestros muy permisivos, controladores o estrictos.
Firmeza: consiste en establecer amablemente los límites (o normas) que benefician la convivencia. Los límites deben: 1) ponerlos un adulto; 2) ser pocos y claros; 3) situar a los estudiantes en el espacio en el que se encuentran.
Siempre debe explicársele a los pequeños por qué un límite se debe cumplir y las consecuencias de no hacerlo. De esta forma, se sienten reconocidos, lo que contribuye al cumplimiento del límite, así como a la seguridad y a la autoconfianza.
Amabilidad: para que los límites y los acuerdos se cumplan efectivamente, nunca deben imponerse con autoritarismo ni avergonzando a las niñas y a los niños. Del tono en el que digamos las cosas, de las palabras que usemos para transmitir el mensaje y de los gestos corporales por los que optemos, depende la actitud y/o el cambio de conducta del estudiante.
Conexión y sentimiento de pertenencia
De acuerdo con el reconocido psiquiatra Rudolf Dreikurs (1964), cuando las niñas y los niños no sienten pertenencia a un grupo o piensan que no aportan a él, adoptan una de las siguientes cuatro conductas equivocadas o comportamientos irracionales (generalmente inconscientes), pensando erróneamente que así serán valorados e incluidos:
- Llamar la atención: sienten que la única manera de ser tenidos en cuenta es ganando la atención de los adultos.
- Tener el poder: creen que solo se les tiene en cuenta cuando mandan o tienen el control de la situación, y que “ganan” cuando el adulto se altera o se rinde ante su conducta.
- Venganza: a través de comportamientos inadecuados como éste, demuestran el daño que les han hecho. La creencia errónea es el sentimiento de no pertenencia, por lo tanto, “hago daño a los demás porque me siento herido”.
- Demostración de incompetencia: no hacen nada porque sienten que hagan lo que hagan van a hacerlo mal o que, aunque lo hagan, no serán importantes para nadie.
Es importante conocer estos prototipos de conductas para que, cuando las niñas o los niños los adopten, sepamos que tal vez se sienten rechazados o incapaces, y podamos apoyarlos más rápido y asertivamente.
En la construcción de su propia imagen y autoestima, las niñas y los niños tienen muy presente lo que el adulto dice de ellos. Por eso la disciplina positiva procura empatizar y validar a los pequeños para afianzar sus habilidades socioemocionales, la gestión de sus comportamientos y el desarrollo de la autodisciplina, así como generar una conexión especial que los haga sentir que el valor está en ellos y en su capacidad de hacer las cosas, y que son parte del grupo. Todo lo cual contribuirá a que esas conductas irracionales se transformen positivamente.
Dar aliento
Cuando animamos y damos valor a lo positivo de lo que hacen o dicen las niñas y los niños, no sólo les hacemos sentir que confiamos en ellos y que estamos orgullosos de sus avances, sino que, a largo plazo, estamos contribuyendo a que desarrollen una personalidad segura de sí misma y autosuficiente.
Además, al relacionarnos con los estudiantes desde la motivación, también estamos ampliando su disposición a transformar actitudes o comportamientos porque se están sintiendo valorados e integrados al grupo. Por el contrario, cuando nuestras palabras o gestos los desmotivan, no sólo afectamos su autoestima, sino que rompemos la confianza, los lazos y la oportunidad de que cambien sus comportamientos de forma reflexiva y consentida.
Errores como oportunidades de aprendizaje
En ocasiones, las niñas y los niños se sienten inferiores a sus compañeros cuando algo no les sale o les cuesta más que a los demás. Por eso es central enseñarles que los errores son oportunidades para aprender mejor. Además, es más fácil que aprendan a responsabilizarse de los errores cuando los ven como una oportunidad, y cuando comprenden que todos cometemos errores, y que lo importante es abordarlos teniendo en cuenta las 3 erres (R):
- Reconocer el error (cometí un error),
- Reconciliar (lo siento)
- Resolver el problema (trabajar junto al adulto en la solución)
Así, los estudiantes integran a su proceso de aprendizaje la evaluación a sí mismos en vez de depender de los elogios y los juicios de otros. Esto es fundamental para consolidar su autonomía, su reflexividad, la compasión hacia sí mismos y hacia los demás y su seguridad (que a su vez evita que los demás los manipulen). A lo que se suma que, cuando buscan solucionar el problema, reafirman que el error es una oportunidad de aprendizaje.
La disciplina positiva hace énfasis en el desarrollo de habilidades para resolver conflictos o problemas, porque en ese camino las niñas y los niños aprenden a identificar situaciones estresantes o a visualizar problemas para afrontarlos mediante soluciones que incluyan acuerdos entre el adulto y ellos. Lo que los convierte en participantes activos y facilita su compromiso genuino a cumplir el pacto del que hicieron parte.