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Mindfulness y emociones

Mindfulness y emociones es otro pilar de la Educación Colibrí, que abordamos como proyecto transversal. Trabajar con nuestras niñas, niños y próximos adolescentes en el reconocimiento y en la gestión de sus emociones, y en la capacidad de estar presente y en consciencia plena (mindfulness), es central para su desarrollo integral, su relación con los demás y su plenitud.

Además, como se ha demostrado científicamente, abordar esta dimensión tiene innumerables efectos positivos en los procesos de aprendizaje, porque mejora la atención, la concentración, las capacidades de comprensión y asimilación de conocimiento, y contribuye a desarrollar varias habilidades y funciones ejecutivas de nuestros estudiantes.

Los ejercicios de respiración y movimientos conscientes, así como las prácticas de silencio y contemplación que hacen parte del mindfulness, los realizan nuestras niñas, niños y próximos adolescentes en compañía de sus guías en el círculo de la consciencia y en el juego del silencio, todos los días al inicio (8:30 am) y al final (12:45pm) de la jornada. Son momentos de quietud que contribuyen a la autoobservación y al autoconocimiento y, a la vez, activan la serenidad, la presencia y el desarrollo de la escucha activa y respetuosa.

Ejercicios que también usamos en la cotidianidad, cuando las guías observan dificultades, frustraciones o momentos críticos en algún estudiante, y que ellos van aprendiendo e implementando autónomamente para autorregularse cuando lo sienten necesario.

En cuanto a la gestión emocional, cada grupo multiedad (Comunidad infantil, Casa de Niñas y Niños, Taller 1 y 2) cuenta con un espacio semanal en el que se trabaja la alfabetización y el bienestar emocional junto a las guías especialistas. Allí, se realizan diversas actividades intencionadas con las niñas, los niños y los próximos adolescentes, que tienen varias finalidades: 1) conocer las emociones que existen; 2) aprender a diferenciarlas, reconocerlas en sí mismos y comprender cómo las habita y expresa cada uno; 3) aprender a gestionarlas, a abrazarlas o a desactivarlas cuando sea necesario, de la forma consciente, respetuosa y amorosa posible.

Todo un trabajo que las guías refuerzan con los estudiantes todos los días y a todas las horas, estableciendo un relacionamiento horizontal enmarcado en la disciplina positiva, para que ellos aprender a nombrar y a validar sus emociones, así como a reconocer y usar su gran voz interior, bajo la contención, el acompañamiento y la entrega de herramientas para la gestión emocional.

Reconocemos el valor de la experimentación, la observación, el tacto y los demás sentidos como formas innatas y poderosas de aprendizaje que brotan en los primeros nidos, y que resultan vitales a lo largo del proceso educativo. Entendemos, también, que el ser humano tiene una doble esencia que debe ser potenciada de manera conjunta: