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Montessori

Dr. Steve Hughes.

“Este sistema de aprendizaje tiene mucho sentido desde el punto de vista del desarrollo cognitivo. He pasado mucho tiempo analizando el desarrollo cerebral y estoy convencido de que el método Montessori está basado en la forma original de cómo se aprende”.

El pilar central sobre el cual se estructura la educación Colibrí es el método y la filosofía Montessori. María Montessori dedicó su vida a estudiar y a observar el crecimiento cognitivo y emocional de los niños y las niñas. Concluía que los primeros 6 años tienen una capacidad de observación, experimentación y tacto tan agudos, que aprenden de su entorno de forma precisa y casi exacta; y que el movimiento y el uso de las manos facilita el aprendizaje y la retención de conceptos.

“Observé a mis estudiantes y ellos me enseñaron cómo guiarles”, M. Montessori.

Su propuesta educativa se basa en la exploración directa del mundo concreto y en el trabajo con materiales sensoriales diseñados especialmente para la manipulación. Así, los estudiantes comprenden, asimilan el conocimiento, se divierten y despiertan la curiosidad, el amor y el gusto por aprender.

“Lo que la mano hace la mente lo recuerda”, M. Montessori.

Un método que, además, facilita y potencia la autonomía, la autodisciplina y la confianza en sí mismos, puesto que las niñas y los niños aprenden desde su propia exploración, a su ritmo, y no desde el mandato del maestro. Lo cual es central en Colibrí, ya que lo más importante es promover la independencia, la construcción de un espíritu libre y la autogestión del aprendizaje.

“No se puede ser libre si no se es independiente”, M. Montessori.

Entre los seis y siete años, las niñas y los niños viven importantes cambios físicos y psicológicos: La corteza cerebral empieza a madurar, su autonomía es mucho mayor y la comprensión de varias cosas que antes no entendían les permite emprender otros vuelos de aprendizaje: ya no solo quieren hacer por sí mismos sino pensar por si mismos.

 

Su pensamiento abstracto, lógico y matemático se desarrolla con más fuerza y los procesos cognitivos se vuelven más complejos. De clasificar, secuenciar, ordenar, pasan a deducir e inferir, generar hipótesis y conclusiones, resolver, interpretar, crear, representar e imaginar. Universos de aprendizaje para los que el método Montessori tiene múltiples materiales.

 

 

Para entonces los niños y las niñas han aprendido del mundo concreto, fortaleciendo una capacidad central para sus vidas y su salud mental: diferenciar lo real de lo irreal. Es entonces el momento de estimular la imaginación, porque “comenzará desde un plano más elevado y la inteligencia se dirigirá hacia sus canales naturales de creación” (El método Avanzado, 1917)..

 

“La imaginación es más importante que el conocimiento” (Albert Einstein)

Imaginar es poder y esperanza de cambio. Permite visionar realidades aparentemente imposibles y darles vida con la creación de ideas, representaciones y acciones audaces. Es la única fuente inagotable de vida. Con ella resolvemos de formas novedosas, originales y sostenibles, los problemas que se presentan en todas las áreas de la humanidad. Por eso la vitalidad de su desarrollo y estimulación en los procesos de aprendizaje de Colibrí.

A partir de los 6 años las niñas y los niños quieren saber razones y resulta ideal introducir la educación cósmica de Montessori. Saber quién soy, de dónde vengo, cómo empezó todo, significa comprender la vida en el universo del cuál hacemos parte. Es relacionar una idea global e integral (el cosmos) con distintas áreas del conocimiento (historia, astronomía, biología, etc.), y desarrollar la imaginación a partir de experiencias reales y narraciones repletas de misterios y analogías. 

Este universo de aprendizaje permite que los niños y a las niñas tomen consciencia sobre su individualidad dentro de un todo en el que cada uno cumple una misión para garantizar el equilibrio de la naturaleza y de la sociedad. También genera un gran sentido de pertenencia, respeto, admiración y gratitud hacia el planeta, la naturaleza y su comunidad, porque entienden que el bienestar de esos conjuntos es el bienestar propio, es decir, el bien común. De allí que potencien el trabajo colaborativo, la empatía y la valoración de la diferencia, que es el soporte de la educación para la paz a la que se refiere Montessori.

María Montessori vivió entre guerras y con esa experiencia comprendió que la paz no era el fin de guerra, sino el nacimiento de una humanidad con pensamientos, acciones y valores distintos, que solo se alcanza con una educación transformadora centrada en las niñas y en los niños que serán los adultos del futuro. Por esa propuesta pedagógica que posiciona la educación como principal artífice de paz, fue nominada en 2 ocasiones al Premio Nobel de Paz.

Para ella la educación tradicional era violenta porque se centraba en la lucha del adulto por meter a sus estudiantes dentro de patrones, en vez de acompañar su desarrollo. Decía que los maestros veían en el proceso de aprendizaje los “intentos” como “errores”, haciendo que los pequeños se sintieran como tal, además de restringirlos y enseñarlos a seguir a un superior. Volviendo la disciplina, esclavitud y, la educación, un campo de batalla de vencedores y vencidos en el que compiten individualmente por la excelencia académica, menoscabando su libertad, su autonomía, su espiritualidad, su capacidad de cooperación y de conexión con otros. 

“Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz, la gente educa para la competencia y este es el principio de cualquier guerra. Cuando eduquemos para cooperar y ser solidarios los unos con los otros, ese día estaremos educando para la paz”, M. Montessori.

La educación Montessori con su perspectiva cósmica y de paz, nos ofrece una visión humanista que estimula el desarrollo espiritual del ser humano. Un aprendizaje integral y para la vida (emocional, corporal, intelectual y espiritual) que busca la resolución de dificultades y conflictos mediante el diálogo y las mesas de paz, así como el cultivo de 4 consciencias:

 

  • De las relaciones: con nosotros mismos (individuos) y con los demás. Somos seres sociales conectados e interdependientes que nutrimos la existencia propia con lo que aprendemos de otros. De ahí la importancia de cultivar la empatía, la compasión, la comprensión propia y de las comunidades que nos circundan (familia, amigos, colegio, barrio, ciudad, etc.) para construir colectivamente el bien común desde la corresponsabilidad.

 

  • Del Entorno: somos parte de la naturaleza, el territorio y de las comunidades. Por eso, construimos una visión global y relacional que conecta nuestras múltiples inteligencias con los 3 entornos de vida desde el amor, la comprensión y la búsqueda del cuidado propio.

 

  • De la Cultura: somos parte de un sistema cultural que se nutre de la interacción y el conocimiento de otras sociedades. Entendemos que la diferencia es constitutiva de la humanidad y necesaria para el bienestar del mundo y su desarrollo. Respetamos las características, los pensamientos y las tradiciones diversas y aprender de ellas, promoviendo un mundo sin desigualdad, discriminación ni exclusión.

 

  • De la Abundancia: cultivamos la gratitud y la valoración de las experiencias y las pequeñas cosas: ser más que tener y comprender la abundancia de la austeridad.

Esa transformación significativa frente a la educación, no sólo se logra replanteando lo que enseñamos, los valores que promovemos y los propósitos que perseguimos; sino redefiniendo cómo lo enseñamos, los roles y relaciones que establecemos en el aula, las formas en que disponemos el espacio y sus materiales, etc. Veamos cómo esos elementos se reconfiguran en Montessori y, por supuesto, en Colibrí:

 

EL ESPACIO

NIÑOS, NIÑAS Y JÓVENES

ROL DEL ADULTO

MATERIALES

Ambiente preparado, ordenado y adecuado a las necesidades de las niñas y los niños, donde cada cosa es hecha a su medida: mesas, sillas y estanterías a su altura distribuidas en un amplio espacio con áreas de aprendizaje y materiales sensoriales concretos, dispuestos para la libre elección y el trabajo individual o colectivo. Un entorno rodeado de comprensión, cooperación y afecto, lejano al salón de clase dividido jerárquicamente entre tablero y profesor – alumnos y pupitres en línea.

Son los protagonistas y los responsables de su propio aprendizaje en la medida en que van creciendo y desarrollando su autonomía e independencia. Lo que aprendemos es más fácil de asimilar, amar y profundizar cuando elegimos aprender de ello. Así, cada uno va a su propio ritmo eligiendo materiales concretos, textos literarios ilustrados y/o elementos del entorno, para explorar, manipular y trabajar.

Son guías que observan las necesidades, capacidades e intereses de cada niña o niño, para ofrecerles oportunidades de trabajo y aprendizaje. Una compañía que permite el fortalecimiento de los talentos y el brillo de cada estudiante, interviniendo lo menos posible a medida que van creciendo. El adulto no ejecuta las actividades que le corresponden al pequeño (se obstaculizaría su proceso y aparecería el sentimiento de inferioridad y frustración). Mediante esta forma de relacionarse, los estudiantes actúan, valoran el aprendizaje y aprenden a hacer y a pensar por sí mismos, lo que contribuye a su confianza y a su disciplina interior.

Materiales sensoriales diseñados según el plano de desarrollo de las niñas y los niños, entendiendo que la manipulación y la exploración de objetos concretos ayuda al aprendizaje, al pensamiento abstracto, a la indagación y a la investigación, entre otros. Son herramientas con control de error: muestran en sí mismos si los estudiantes lo usaron de forma correcta. Esto estimula el interés, la repetición, el perfeccionamiento y la concentración, así como la comprensión de que el error es parte constitutiva del aprendizaje y de la vida, lo que les permite adquirir una actitud positiva ante el mismo, minimizar la frustración y aumentar su responsabilidad sobre su aprendizaje.

Gabriel García Márquez, decía en sus memorias:

En Aracataca habían abierto la escuela montessoriana cuyas maestras estimulaban los 5 sentidos mediante ejercicios prácticos y enseñaban a cantar. (…) Aprendí a apreciar el olfato, cuyo poder de evocaciones nostálgicas es arrasador. El paladar que afiné hasta el punto de que he probado bebidas que saben a ventana, panes viejos que saben abaúl, infusiones que saben a misa. (…) No creo que haya método mejor que el montessoriano para sensibilizar a los niños en las bellezas del mundo y para despertarles curiosidad por los secretos de la vida. Se le reprocha que fomenta el sentido de independencia y el individualismo -tal vez en mi caso fuera cierto” (Vivir para contarla, 2002).