“Algunos temen que, si el niño de 5 años se ocupa de enseñar, no pueda aprender. Pero, ante todo, no enseña siempre y se respeta su libertad. En segundo lugar, enseñando perfecciona lo que ya sabe porque debe analizar y recomponer su pequeña acumulación de sabiduría para pasarla a los demás”, María Montessori.
Para las niñas, los niños y los adolescentes es óptimo trabajar en grupos multiedad, porque:
Aprenden más: cuando los estudiantes observan las actividades y procesos que desarrollan otros con distintas edades en el mismo grupo, mientras ellos avanzan en los suyos, activan el aprendizaje indirecto, diversifican y potencian su conocimiento y la curiosidad por aprender.
Potencia el trabajo en equipo: generalmente los mayores del grupo se convierten en modelos y apoyo para los más pequeños, evitándose la competitividad y fomentándose la empatía y la colaboración. Así, conviven de manera más armónica, se regulan entre ellos y pueden ser más independientes porque requieren menos a los adultos.
Aprenden, refuerzan y enseñan: al permanecer 3 años en el mismo grupo, al inicio aprenden de sus procesos y de los que adelantan los mayores del grupo; luego crecen un poco y fortalecen lo aprendido viéndolo en los pequeños y, a su vez, les enseñan lo nuevo que están aprendiendo. Esto, además, afianza la humildad, la generosidad y la comprensión del cambio como condición de la vida, la sociedad y el planeta, haciéndonos más resilientes.