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PROCESO DE ADAPTACIÓN

El vientre materno es el primer nido de nuestros bebés, luego los acogemos en el hogar, y en menos de lo que aletea un Colibrí estamos llegando de su mano al que será su tercer nido: el continuum jardín infantil-Colegio.

Entendiendo la complejidad, la delicadeza y la trascendencia de este tránsito para las madres, los padres y, sobre todo, para sus hijas e hijos, en Colibrí hacemos de la adaptación un proceso cálido, respetuoso, en el que se escucha y se tienen en cuenta las necesidades y los ritmos de cada pequeño evitando los llantos y disgustos. Esto incluye la disposición y la disponibilidad de tiempo de uno de sus cuidadores principales (mamá, papá, tía, abuela, etc.), para el acompañamiento durante todo el proceso hasta que el pequeño se familiarice con su nuevo nido y cree un vínculo seguro con las guías de su grupo.

Cada peque es un universo distinto, además, hay muchas variables como el nivel de apego con los cuidadores, si hay o no experiencias previas de escolarización o situaciones de desapego que les genere inseguridad frente a lugares nuevos, o que esté viviendo otros cambios importantes (de ciudad, separación de madre y padre, etc.), que inciden en la duración de su proceso de adaptación (horas, días, semanas o meses). Por eso, en Colibrí no establecemos un tiempo limitado para adelantar un camino que resulta mágico, irrepetible, orgánico, gradual y progresivo.

Proceso gradual y progresivo:

  1. El cuidador acompañante entra y recorre de la mano de la niña o el niño y con la guía, el espacio de Colibrí y el ambiente preparado donde trabajará con su grupo.
  2. Por unos días el cuidador entra al ambiente preparado, se sienta y observa la rutina del grupo y durante toda la jornada está a disposición de la niña o niño para cuando lo necesite.
  3. Días después el cuidador sale del ambiente preparado, pero se queda durante toda la jornada en las instalaciones de Colibrí y le explica a la niña o niño dónde se ubicará por si lo necesita.
  4. La niña o el niño se siente seguro en el espacio, con sus compañeros y ha construido un vínculo sólido con alguna de las guías de su grupo, por lo que ya no recurre al cuidador. Ha llegado el momento de que éste abandone el nuevo nido de su hija o hijo.

Así, las y los pequeñines consiguen adatarse progresivamente al nuevo nido sin que les resulte una experiencia desagradable y, además, construyen vínculos y apegos seguros con las guías que estarán acompañándolos en su nuevo grupo.

Es importante aclarar que: 1) no todos los procesos son iguales ni se desarrollan en el mismo orden expuesto; 2) nuestro proceso de adaptación suele realizarse con mayor recurrencia en el Ciclo de infancia (0 a 6 años), pero si se hace necesario realizarlo con los estudiantes que llegan al Ciclo de niñez o, incluso, al de Adolescencia, también lo adelantamos.